Tormenta Cris… caen rayos, suena el trueno silenciando todo a su alrededor, mientras, grita el miedo. Tranquila mi vida, no pasa nada, no tienes que tener miedo, estoy aquí, a tu lado. Nunca perdiste el miedo a las tormentas, nunca fuiste lo suficientemente mayor para no temerlas.

María Betanzos | 10 dic 2019

Tormenta Cris… caen rayos, suena el trueno silenciando todo a su alrededor, mientras, grita el miedo.

Tranquila mi vida, no pasa nada, no tienes que tener miedo, estoy aquí, a tu lado. Nunca perdiste el miedo a las tormentas, nunca fuiste lo suficientemente mayor para no temerlas. Tu otra fobia, las serpientes, culebras… todo lo que reptase, en definitiva.

En Torrevieja en el paseo donde se ponen las casetas de ventas, habían unos chicos con una enorme serpiente, yo la cogí y tu saliste corriendo aterrada. Nunca dejaste de tenerles miedo.

En tu casa, sola, me decías que a veces sentías miedo de noche, yo te decía que vinieras a vivir conmigo, no quisiste, tu casa te tiraba demasiado. Nos aferramos a nuestras casas como si de castillos inexpugnables se tratasen ¡qué gran error! No existen castillos inexpugnables donde el miedo y el horror no puedan entrar.

Tus miedos, Cris, tus fobias, han terminado con tu vida. Y hoy, yo, valiente y atrevida antaño, desconfío de todo lo que gira a mi alrededor, por los que aún me quedan y amo.

Ya no hay tormentas, ni rayos, ni truenos que te asusten, hoy cabalgas sobre un rayo y el trueno es el grito de tu voz preguntándote ¿porqué te asesinó, porqué?

Te amo mi vida.

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