
Asociación Defensa de la Cartagena Oeste
Apenas nos habíamos recuperado del proyecto de mina de puzzolana a cielo abierto de CEMEX cuando nos encontramos con dos nuevos nuevos atentados medioambientales a nuestra población y territorio.
Cartagena probablemente sea una de las ciudades más contaminadas de la Región de Murcia y de la península, por tierra, mar y aire. Es famosa por los suelos de las escombreras de la sierra minera cuyas escorrentías los llevan al Mar Menor y los purines de las macrogranjas esparcidos como abonos sin control en la misma vertiente. A ello le sumamos los acuíferos del Mar Menor y del Cuaternario con niveles elevados de nitritos de la agroindustria y los vertidos de los grandes cruceros en la bahía y puerto.
En el área de aguas residuales seguimos encontrándonos con muchos núcleos de las diputaciones del extrarradio que carecen de red de alcantarillado y las viviendas de diseminados sin sistemas higiénicos ni estancos.
En el casco urbano no se ha aplicado la normativa de zonas restringidas de tráfico por emisión de partículas ni en las zonas industriales un control de las emisiones a la atmósfera de partículas de industrias y plantas de cogeneración como las de Sabic.
Organizaciones y asociaciones con gran preocupación de estos temas como ANSE, AECC y varias de carácter naturalistas y vecinales están continuamente denunciando estos hechos pero con escasos resultados y poca capacidad de movilización de la población.
Los últimos hechos conocidos de la eliminación de los suelos contaminados de Los Mateos, que son tierras con materiales pesados y radiactivos, nos han llenado de alarma e indignación porque afectan doblemente a la población, tanto al lugar de origen como a los núcleos próximos al lugar al que los están llevando, entre la Urbanización Buenos Aires y Cuesta Blanca, al ser realizados con presunta ausencia de aplicación de normas de seguridad en el manejo de esos materiales altamente tóxicos.
Se están viendo en las redes grabaciones de vehículos cargados de suelos contaminados y radiactivos, extraídos y cargados sin protección para los vecinos, transportados en vehículos utilizados normalmente para materiales inertes de derribos, y abocados en un gran espacio solamente autorizado para residuos inertes pero que asemeja un gran estercolero al aire libre, en un suelo de la vertiente de la Rambla de Benipila.
Esta situación constituye una amenaza a la población de nuestro municipio, a su derecho a disfrutar de unas condiciones de salubridad, a la calidad de vida y a mantener el valor patrimonial de sus propiedades que adquirieron por transmisión de sus padres o adquiridas con su esfuerzo personal. Si no se toman medidas urgentes nuestras casas y propiedades se verán gravemente devaluadas por la pérdida de las condiciones de vida de este territorio y provocará un incremento del abandono y vaciamiento de la población, aunque a veces nos tememos que ese sea el modo de convertir este espacio en un desierto para poder adquirirlo y utilizarlo sin ningún tipo de límites.
Finalmente todas esas iniciativas y proyectos para nuestro territorio que ha puesto en marcha durante los últimos años la actual corporación municipal para el incremento del turismo tanto de cruceros como residencial, pueden estar profundamente afectadas y comenzarán en muy corto espacio de tiempo a notarse.”
Foto de portada del face de José Matías Peñas, entrada al vertedero de Buenos Aires en la Zona Oeste


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