
Comunidad de Regantes «Ocho caños»
La Asociación de Comunidades de Regantes Históricas y Tradicionales de Extremadura, ha exigido tanto al Ministerio de Cultura como a la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, que reactiven el proceso de inscripción de los regadíos históricos en la lista de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Dicho proceso se ha visto paralizado por presiones externas.
Los sistemas históricos de regadío fueron declarados Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en diciembre de 2023. España no está dentro de esa declaración, a pesar de la importancia de los regadíos históricos de Extremadura (y de otras comunidades autónomas), estudiados y valorados por instituciones como la Universidad de Granada, Universidad Autónoma de Madrid, Fundación de la Universidad de Alcalá, Instituto Geológico y Minero de España-CSIC, Red Cyted.
En 2024 surgió la posibilidad de hacer una candidatura conjunta para solicitar la adhesión a la declaración de la UNESCO por parte de Francia, España, Grecia y Portugal. La iniciativa partía curiosamente del Gobierno francés y de investigadores de la Universidad de la Sorbona. La propuesta fue bien acogida por el Ministerio de Cultura después de recibir la solicitud de algunas comunidades autónomas que, a su vez, respondían a la demanda de las propias comunidades de regantes históricas y tradicionales agrupadas en asociaciones como las de Extremadura, Andalucía y Castilla y León.
Los valores culturales, ambientales, productivos o sociales de las comunidades de regantes y los sistemas de manejo de agua y regadío tradicional, así como los servicios ecosistémicos que nos prestan han sido recogidos en un argumentario elaborado en su defensa, así como en numerosos estudios y publicaciones científicas. Desde una perspectiva multifuncional e integrada, estos sistemas representan ejemplos de innovación, sostenibilidad, resiliencia y gobernanza participativa de los que deberíamos aprender en el contexto actual de crisis ambiental y cambio global. Así lo reconoce, por ejemplo, una parte del propio Ministerio de Transición Ecológica y la Fundación Biodiversidad que de él depende.
Y, sin embargo, estos sistemas están sometidos a una enorme presión proveniente no solo de la crisis generalizada del mundo rural, sino particularmente de los procesos y políticas de tecnificación del regadío. Estos procesos y políticas suponen una intensificación e industrialización agraria que está teniendo unas consecuencias devastadoras, tanto para el propio mundo rural, convertido en zona de sacrificio para la extracción de materias primas y energía, como para el medio ambiente.
El proceso recorrido con el Ministerio de Cultura para el reconocimiento de los regadíos históricos y tradicionales estaba ya muy avanzado. El primer paso, además de integrarse en la candidatura internacional, fue el de la inscripción de los regadíos históricos en la lista de la Manifestaciones Representativas del Patrimonio Cultural Inmaterial de España (MRPCI). La inscripción como MRPCI ya había sido incoada tras la elaboración del informe técnico (realizado por el MEMOLab UGR), su revisión externa y la publicación en el BOE.
Todas las comunidades autónomas habían dado su visto bueno y las comunidades portadoras, las comunidades de regantes, su consentimiento con una amplia representación de prácticamente todos los puntos de España. En el periodo de alegaciones se han presentado muchas por distintos actores y motivos. No las hemos podido ver directamente, pero nos han transmitido que hay consultas o solicitudes por parte de comunidades que quieren adherirse específicamente y que se las reconozca; hay cuestiones relacionadas con las competencias, descentralizadas en el caso de Cultura y centralizadas en el de Aguas; hay también alegaciones en relación a la compatibilidad de la protección de elementos como los azudes, las presas de derivación de muchos sistemas de regadío tradicional, y la Directiva Europea sobre continuidad fluvial y la restauración ecológica de los ríos. No hemos terminado de entender la gravedad de estas alegaciones, pero está claro que las contradicciones entre la conservación de los regadíos históricos y las políticas hidráulicas, agrarias y una parte de las políticas ambientales han hecho saltar las costuras. Las presiones no han debido ser pocas para que el Ministerio tome la decisión de paralizar y abandonar la propuesta de reconocimiento como patrimonio inmaterial en un momento tan avanzado del proceso, sobre todo de la solicitud de adhesión a la Declaración de la UNESCO, que se hacía finalmente con Francia, Austria y Grecia y en coordinación con el resto de países que ya forman parte de esta declaración.
Para comunidades como las nuestras, este reconocimiento no es un título simbólico, sino una herramienta imprescindible para defender nuestros derechos históricos de agua, frenar las presiones que empujan hacia la desaparición o transformación radical de estos sistemas y garantizar la continuidad de una forma de vida ligada al territorio. Sabemos que en otros países europeos los regadíos tradicionales ya han sido reconocidos, protegidos y en muchos casos restaurados, mientras que en España seguimos sin ese amparo institucional a pesar de la riqueza y diversidad de nuestros sistemas.
La decisión de frenar este procedimiento se vive aquí como un mazazo y como una nueva muestra de la falta de reconocimiento hacia el medio rural y hacia la cultura.
Por todo ello, hemos solicitado al Ministerio de Cultura y a la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura que procedan a reactivar el proceso de inscripción de los regadíos históricos, su reconocimiento y salvaguarda, así como conocer las causas que han obstaculizado dicho proceso. Pedimos que no se deje en el olvido ni los saberes para gestionar de forma sostenible nuestros paisajes durante siglos, ni a las comunidades portadoras que sostenemos en el día a día este patrimonio inmaterial.


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