Mar Hurtado

Cartagena presume de tener como copatrón a San Ginés de la Jara, pero el legado material asociado a su figura se desmorona en silencio. En el Monte Miral, donde sobreviven apenas 5 de las 9 ermitas del conjunto eremítico, el deterioro avanza sin freno, año tras año. Resulta difícil no ver la paradoja: mientras el santo sigue ocupando un lugar de honor en el imaginario cartagenero, las huellas de su devoción se pierden entre ruinas, grietas y abandono institucional.

Monte Miral la montaña que une patrimonio minero, paleontológico y espiritual, frente al Monasterio de San Ginés de la Jara.

El Monte Miral o Cerro de San Ginés, es un punto de conexión ancestral, en él se sitúa la cueva Victoria, un yacimiento paleontológico de gran valor. Como dice su web: “La joya del pleistoceno. Su registro fósil es excepcional por la gran diversidad de especies encontradas. Hasta el momento se han identificado más de 90 especies de vertebrados, siendo un lugar clave para la reconstrucción de las faunas del Pleistoceno inferior. En la lista encontramos también homínidos y además Cueva Victoria es el único yacimiento en Europa con representación del babuino africano Theropithecus oswaldi, lo que es relevante para entender la dispersión de nuestros ancestros desde África a Europa. Cueva Victoria es también una antigua mina de hierro y manganeso explotada entre los años 1878 y 1952, lo que cubre un periodo significativo dentro de la larga historia de la minería en la sierra de Cartagena y La Unión.”

Por otro lado tiene varias excavaciones mineras aparte de la Mina Victoria están las minas Virgen del Rosario, San Felipe y Santiago, Precaución, Cuarenta, Joaquina o Purgatorio.

El Monte Miral, de gran importancia histórica y cultural, ha dado pie a distintas interpretaciones sobre el origen de su nombre. El historiador Julio Mas, siguiendo al franciscano Melchor de Huélamo, lo relaciona con la palabra “mineral”, por la intensa actividad minera que se desarrolló en sus laderas y alrededores. Otros autores han querido ver en “Miral” una alusión a su condición de atalaya natural, un lugar desde el que “mirar” y dominar visualmente el Mar Menor, la llanura del Campo de Cartagena y la Sierra Minera. Sea cual sea su origen etimológico, el monte ha sido siempre un punto de referencia para quienes lo habitaron, lo trabajaron o lo veneraron.

Los anacoretas antes del siglo VIII, en época visigoda, eligieron el Monte Miral, para su vida en soledad, las ermitas son de los siglos XV a XVIII.

Según la Enciclopedia Regional, el monasterio de San Ginés fue construido sobre un viejo eremitorio árabe del siglo X, y su fecha de construcción parece ser anterior al siglo XIII según Julio Mas García.

En total son 9 ermitas San Pablo de Tébas, Los Ángeles, San Jerónimo Estridón, Niño Bautista, San Antonio Abad, San Hilarión, Penitente Magdalena, San Onofre, y San Francisco. De todas ellas, sólo se conservan restos de 5.

También estaba la ermita de San Isidro en Los Belones, que es la actual parroquia.

🟩 ERMITAS CONSERVADAS (5)

🟢 Ermita de Pablo de Tébas (Príncipe de Los Ermitaños).

Dedicada al primer ermitaño de la tradición cristiana, San Pablo de Tebas, esta ermita recuerda el ideal de vida retirada que inspiró a los anacoretas del Monte Miral. Aunque hoy sólo se conservan restos de su fábrica, su presencia enlaza simbólicamente la soledad del desierto egipcio con este cerro cartagenero, donde tantos religiosos buscaron silencio, oración y contemplación lejos del bullicio de la ciudad y de la Sierra Minera.

Exterior de la Ermita Pablo de Tébas

En el interior grietas estructurales

Interior de la ermita Pablo de Tébas, con la cúpula caída

🟢 Ermita de Los Ángeles

Es la más grande del conjunto y la única que ha recibido algún intento de restauración. Su advocación a los Ángeles la convierte en un espacio simbólico de protección y elevación espiritual. Las pinturas murales, hoy muy deterioradas, muestran que fue una ermita importante dentro del conjunto. Su cúpula reparada —aunque sin continuidad en la restauración, es testimonio de lo que pudo haber sido un proyecto de recuperación integral que nunca llegó a completarse.

Frontal de la ermita

Según parece obligaron desde por lo menos 2014 que restaure todas las ermitas el dueño, Portmán Golf.

Grafiti en la ermita, arriba puede apreciarse «AVEM» anagrama de Ave María realizado con minerales a modo de teselas

Empezaron por la de Los ángeles, y según nos comentan llevaron en un viaje en helicóptero los materiales que se aprecian en la entrada y allí quedaron, porque cuando se vandalizó la fachada con una pintada, dejaron de restaurar con la excusa de que el Ayuntamiento de Cartagena, tenía que proteger el sitio antes de seguir con los trabajos de rehabilitación.

Restos en la entrada de la ermita de Los Ángeles

Se puede observar en muros parte de la restauración así como la cúpula que gracias a esa intervención, todavía se conserva. No olvidemos que es la única cúpula que existe actualmente, en el resto de ermitas se derrumbaron.

Bien es cierto que el vandalismo deteriora lo poco que puede salvarse de la ermita, y no hay que olvidar que es obligación del Ayuntamiento de Cartagena, proteger nuestro patrimonio.

Entre pitos y flautas, el caso es que nuestro tesoro cultural, se cae a pedazos, mientras que Portmán Golf y Ayuntamiento de Cartagena parece que duermen este “problema” de la empresa.

Interior de la ermita en el oratorio, en la cúpula se aprecian paredes ennegrecidas, y las pinturas murales deterioradas y gran parte vandalizada.

Cúpula que gracias a que esta parte si la restauraron, sigue en pie

Gracias a Julio Mas García, podemos hacernos una idea de como eran en origen las pinturas y el estado tan deteriorado de ahora.

En lo poco que queda del mural, vemos la descripción que hace Julio Mas García.

Comparando con la representación de Julio Mas García, apreciamos en estos mínimos restos, lo que fue.

🟢 Emita de San Jerónimo Estridón

Dedicada al gran traductor de la Biblia al latín, San Jerónimo, esta ermita de planta circular se alza en línea visual con la de Los Ángeles. Su ubicación no es casual: San Jerónimo es uno de los padres del monacato y un símbolo de estudio, retiro y penitencia. Desde aquí se dominaba el Mar Menor, lo que la convertía también en un punto estratégico de vigilancia frente a incursiones piratas. Hoy sólo quedan sus muros, pero su planta singular recuerda la importancia espiritual que tuvo en el conjunto.

Exterior ermita San Jerónimo Estridón

Interior de la ermita San Jerónimo Estridón muy deteriorado y con grietas estructurales

🟢 Ermita del Niño Bautista (San Juan Bautista Niño)

Con unas vistas privilegiadas al Mar Menor, La Manga, el campo de Cartagena y la Sierra de San Ginés o Sierra Minera, con las cicatrices que siguen a día de hoy de la minería, sobre las poblaciones del Llano, El Beal y El Estrecho.

Situada en la cima del Monte Miral, es la ermita más elevada del conjunto. Su dedicación al Niño Bautista —símbolo de pureza, anuncio y preparación espiritual— encaja con su posición dominante, como si coronara el camino ascético de los anacoretas. Su función espiritual se unía a una función práctica: desde este punto se controlaba cualquier movimiento en la costa y en la llanura.

Exterior de la ermita del Niño Bautista vandalizada

Deterioro interior con cúpula derruida

El interior también vandalizado

Exterior de la ermita del Niño Bautista

Desde esta ermita puede verse el monasterio, las ermitas en línea con la de Los Ángeles y San Jerónimo Estridón, campos de cultivo contaminados por metales pesados, según varios informes que recientemente han salido a la luz y el Mar Menor al fondo.

Desde esta misma ermita del Niño Bautista, visión gráfica de campos agrícolas contaminados por metales pesados, a la derecha vemos restos de la minería. Ahora han salido a la luz varios estudios, con pruebas de la contaminación en los productos agrícolas por metales pesados de esta zona del Campo de Cartagena.

🟢 Ermita de San Antonio Abad

San Antonio Abad es el padre del monacato oriental y uno de los santos más venerados por los ermitaños. Su presencia en el Monte Miral es casi obligada: representa la renuncia al mundo, la vida en soledad y la lucha espiritual en el desierto. La ermita, hoy muy deteriorada, fue un lugar de retiro para quienes buscaban imitar su ejemplo. Su advocación refuerza la idea de que el Monte Miral fue un auténtico “desierto espiritual” para los religiosos de la zona.

Vista desde arriba, con la cúpula caída, los restos de la ermita de San Antonio Abad

Exterior de la ermita San Antonio Abad

🟥 ERMITAS DESAPARECIDAS (4)

🔴 Ermita de San Hilarión

San Hilarión, discípulo de San Antonio, es otro de los grandes referentes de la vida eremítica. Su ermita formaba parte del circuito ascético del monte, recordando la tradición de los Padres del Desierto. Aunque apenas quedan restos, su advocación indica que los anacoretas del Monte Miral se inspiraban directamente en los modelos orientales de retiro y contemplación.

🔴 Ermita de la Penitente Magdalena

Dedicada a María Magdalena en su faceta de penitente, esta ermita simbolizaba la conversión, la renuncia y la búsqueda de perdón. Era un lugar especialmente significativo para quienes practicaban ejercicios espirituales de recogimiento. Su presencia en el conjunto aporta un matiz femenino y profundamente humano al paisaje eremítico del monte.

🔴 Ermita de San Onofre

San Onofre es uno de los ermitaños más extremos de la tradición cristiana, famoso por vivir décadas en completa soledad en el desierto. Su advocación en el Monte Miral subraya el carácter radical del retiro que buscaban algunos de los religiosos que habitaron estas laderas. La ermita, hoy desaparecida, era un recordatorio de la vida ascética llevada al límite.

🔴 Ermita de San Francisco

La presencia de una ermita dedicada a San Francisco de Asís enlaza el conjunto eremítico con la espiritualidad franciscana, muy arraigada en la zona por el monasterio cercano. San Francisco representa la pobreza, la humildad y la contemplación de la naturaleza, valores que encajan perfectamente con el entorno del Monte Miral, donde la biodiversidad y el paisaje son parte esencial del lugar.

Este cabezo entero tiene distintas figuras de protección, es un BIC, aunque eso no parece significar nada para el Ayuntamiento de Cartagena.

Nuestra Sierra tiene tesoros patrimoniales increíbles, nuestro deber como sociedad es cuidar y proteger tanto nuestro patrimonio vegetal, como edificaciones y castilletes mineros, ermitas, baterías de costa, castillos y fortificaciones.

Luchemos contra años de dejadez cuya inacción permite derrumbes y destrucción de biodiversidad y patrimonio.

En todo el recorrido puedes recrear también la vista con bellezas que te salen al paso, no he tenido la suerte de encontrar ninguna orquídea, porque hay que saber mirar, aunque he podido disfrutar de otras… si te encuentras con alguna, fotografíala y no la dañes.

Cornicabra (Periploca angustifolia)

Lirio silvestre (Gladiolus Illyricus)

Jara blanca (Cistus albidus)

Lentisco (Pistacia lentiscus)

Amapolas entre lavanda.

En la foto de portada se aprecian 4 de las 5 ermitas.

Fuentes:

Lista roja de Hispania Nostra

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