Mar Hurtado

Ayer sábado 28 de Marzo, convocada por la Coordinadora por la Paz de la Región de Murcia, una plataforma integrada por más de 35 colectivos, Murcia salió a la calle con el corazón en la mano, con una determinación clara. Más de mil personas caminaron juntas desde el Jardín de Floridablanca hasta la Delegación del Gobierno para gritar lo que sienten como una urgencia moral: “¡No a la guerra!”. Entre familias, jóvenes y mayores, acudiendo de toda la región, la marcha se convirtió en un abrazo colectivo de apoyo a quienes sufren los conflictos y en un llamamiento a frenar una espiral que muchas personas consideramos insoportable.

Se finalizó leyendo el siguiente manifiesto:

Frente al estruendo de las bombas, frente a las ciudades traducidas a escombros, frente al dolor de madres, padres, hijas e hijos que no eligieron este destino, hoy hablamos en nombre de quienes no tienen micrófono, las personas civiles que mueren, que huyen, que sobreviven entre ruinas.

Rechazamos todas las guerras, incluso aquellas que se intentan justificar en nombre de la seguridad y la democracia, pero que ha quedado claro que solo responden a la codicia imparable de unos pocos, en este caso de Trump y Netanyahu. Hoy asistimos a la escalada de la barbarie de esta guerra imperialista iniciada por los gobiernos de Israel y Estados Unidos, es decir, por el genocida Netanyahu y por el pederasta de Donald Trump contra los pueblos del mundo.

Con la agresión a Irán, el Líbano, a Cisjordania, los bombardeos de Estados Unidos y el ente sionista de Israel rompen unilateralmente el proceso de diálogo con Irán, asesinando aparte de la dirigencia de Irán junto a cientos de personas, incluidas muchas niñas y demostrando que no se puede confiar en quienes ahora mismo están al frente de estas dos naciones.

Esta agresión no es más que la ampliación de la política de exterminio llevada a cabo durante estos más de 2 años contra el pueblo palestino, en el genocidio de Gaza y los territorios palestinos ocupados. La continuación lógica del plan supremacista fascista y del fanatismo religioso que lleva a cabo Israel, en lo que el sionismo llama el gran Israel, una política salvaje de agresión, colonización y genocidio que ha desarrollado durante más de 70 años en Palestina, que ahora continúa al sur del Líbano y Cisjordania, amenazando a muchos de los pueblos de su entorno contra los pueblos que defienden su soberanía y que son la resistencia contra el fascismo sionista.

A la vez, el bloqueo salvaje y el endurecimiento de las sanciones contra Cuba suponen un acto de agresión que lleva a una crisis humanitaria en la isla que ya se encuentra al límite y que el fascista de Trump dice que quiere gobernar. El golpe de estado y la injerencia en la política de Venezuela vuelve a demostrar a mostrar los falaces argumentos de la supuesta democratización y el verdadero interés, que no es otro que el del petróleo.

Hoy toda la legislación internacional, la ONU, la Corte Penal Internacional o los acuerdos de Ginebra son pisoteados por Estados Unidos e Israel y sustituidos por la guerra y la ley del más fuerte. Las leyes y la diplomacia internacional existentes son un estorbo para garantizar su hegemonía en un contexto de crisis económica, política y cultural de Occidente, que ha favorecido el auge de la extrema derecha y el fascismo.

La coalición sionista internacional formada por Israel y Estados Unidos con el silencio cómplice o la asistencia logística y mediática de países de la Unión Europea y en definitiva de la OTAN son una vergüenza para la mayoría de la ciudadanía de esas naciones que no quieren otra cosa que la paz, supone una deriva extremadamente peligrosa que amenaza con ampliar el conflicto y empujar al mundo a una escalada aún mayor.

Nos encontramos ante una ofensiva que no está focalizada exclusivamente en Oriente Medio, sino que forma parte de una escalada bélica global impulsada con el objetivo de proteger, a través de la generalización de la guerra como herramienta de política exterior la hegemonía de Estados Unidos, en un momento de reconfiguración del orden internacional, asegurándose el control geoestratégico y de los recursos.

Una guerra global que ha convertido el Este de Europa en un escenario de confrontación geopolítica con Rusia, se enquista en África y ahora extiende sus garras por América Latina y el Caribe bajo amenazas, chantajes y operaciones militares ilegales. Los efectos de la guerra nos empobrecen, repercute en nuestras condiciones de vida, en nuestros salarios, en los servicios públicos y en el bienestar de la mayoría social de la sociedad española y mundial.

Dentro de dos días, el 30 de marzo, se celebra el día de la tierra palestina, Yawm al-Ard, jornada de conmemoración y resistencia del pueblo palestino, que recuerda lo ocurrido en 1976 con la expropiación de tierras. Es un día de lucha por la identidad, la tierra y la libertad. Ese día la sociedad palestina convocó una huelga general en protesta por el continuo robo de sus tierras por Israel. El ejército sionista asesinó a siete jóvenes palestinos con ciudadanía israelí que se manifestaban para detener la confiscación de 2100 hectáreas de tierra palestinas por Israel, para construir colonias para judíos y un campo de entrenamiento militar. Desde entonces, cada 30 de marzo, se conmemora la lucha del pueblo palestino, plantando en muchas ocasiones un olivo en señal de la reivindicación de los derechos legítimos del pueblo palestino a su tierra y el derecho al retorno de los refugiados palestinos. El proceso de colonización y limpieza étnica de la tierra palestina no ha cesado desde entonces.

Israel ha expandido sus colonias ilegales a todos los territorios palestinos ocupados, utilizando para ello todo tipo de infraestructuras militares y civiles. Consideramos que corresponde al pueblo palestino y sus representantes el ejercicio de la resistencia en defensa de su soberanía. La guerra contra Irán es tanto por sus recursos energéticos como por su apoyo a la resistencia palestina y libanesa.

El pueblo español es un pueblo de paz. Así lo ha demostrado en varias ocasiones con el lema ¡No a la guerra!. Se levantó contra las mentiras de la guerra de Irak y tenía razón. Hoy, de nuevo, se pretende justificar una guerra que no busca la libertad ni la democratización, sino intereses económicos como el control del petróleo. No podemos seguir tolerando ni un minuto más las injerencias y amenazas ni la implicación de España en estas dinámicas. Formar parte de la OTAN nos vincula a una alianza militar que impulsa políticas de guerra, rearme y confrontación. Más allá de lo que se establece formalmente, si se está produciendo utilización de instalaciones militares en territorio español en el contexto de la guerra de Irán, en muchos casos a través de escalas en terceros países o mediante fórmulas que evitan una implicación directa visible. Además, se está produciendo el uso de puertos españoles por parte de buques vinculados a operaciones militares de Israel.

Exigimos la salida de España de la OTAN. Hoy vemos una vez más como la población civil paga el precio más alto. Miles de víctimas, ciudades atacadas y desbastadas, generaciones marcadas por el trauma y sabemos que esta historia no es nueva. Nos negamos a aceptar que esto sea inevitable. Nos negamos a normalizar la muerte como parte del orden mundial. Nos negamos a mirar a otro lado.

Por todo esto le pedimos al Gobierno de España que lidere una respuesta diplomática internacional para poner fin a esta escalada, que ponga fin al acuerdo de cesión de las bases norteamericanas en nuestro territorio y se cierren las bases ocupadas por Estados Unidos.

Fin de la complicidad con la agresión y el genocidio al pueblo palestino, incluyendo el uso de nuestros puertos, presupuestos e infraestructuras, ruptura de relaciones diplomáticas con Israel. Asimismo, exigimos un alto el fuego inmediato y mostramos nuestro apoyo al pueblo palestino, iraní y libanés en su derecho a vivir en paz e a defender su soberanía.

No a la guerra.

Sí al derecho internacional.

Viva Palestina libre del río al mar.

Por el cumplimiento de los derechos humanos.

Fin al imperialismo y las políticas de guerra.

Viva la solidaridad internacional de los pueblos y el derecho a la soberanía de las naciones.

¡No a la guerra!.”

Lectura del manifiesto:

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