Ante las declaraciones publicadas recientemente en relación con el debate sobre las motos de agua en el Mar Menor, las organizaciones ambientales queremos manifestar nuestra preocupación por la difusión de afirmaciones que no reflejan adecuadamente ni la evidencia científica disponible ni el contenido de la normativa vigente.

En primer lugar, resulta incorrecto afirmar que las motos de agua o la navegación recreativa carecen de impacto ambiental. Toda actividad humana desarrollada en un ecosistema tan frágil y singular como el Mar Menor genera algún tipo de presión sobre el medio. La cuestión que debe analizarse no es si existe impacto, sino cuál es su magnitud, cómo afecta a los hábitats y especies presentes y qué medidas son necesarias para prevenirlo o reducirlo.

El propio Real Decreto 118/2024, citado como supuesto respaldo a la ausencia de impacto, establece exactamente lo contrario de lo que se pretende transmitir. Aunque reconoce que la navegación marítima no es la responsable principal de los problemas que actualmente afectan al Mar Menor, el texto señala expresamente que es posible y necesario adoptar medidas para reducir el impacto provocado por buques y embarcaciones.

De hecho, el Real Decreto fue aprobado para reforzar la protección ambiental de la laguna mediante medidas destinadas a prevenir la contaminación, limitar velocidades, regular fondeos, controlar emisiones y minimizar las presiones derivadas de las actividades que se desarrollan en sus aguas. El propio preámbulo indica que las peculiaridades ambientales del Mar Menor aconsejan adoptar medidas específicas para garantizar que la navegación no cause daños al medio marino.

Asimismo, resulta especialmente relevante que incluso las principales asociaciones internacionales de fabricantes de motos de agua reconocen la necesidad de aplicar medidas específicas de protección ambiental. La Personal Watercraft Industry Association (PWIA), que agrupa a los principales fabricantes del sector, recomienda evitar la navegación en aguas someras, minimizar la resuspensión de sedimentos, proteger la vegetación sumergida, reducir el ruido y prevenir la erosión de las orillas.

Estas recomendaciones son especialmente significativas en el caso del Mar Menor. La propia PWIA establece que las motos de agua deben navegar en zonas con una profundidad mínima aproximada de 76 centímetros (aunque informes científicos citan una mayor profundidad) y que, cuando sea necesario atravesar áreas menos profundas, debe hacerse exclusivamente a velocidad de ralentí para evitar la resuspensión de sedimentos y el aumento de la turbidez. También advierte expresamente sobre la necesidad de evitar las praderas de vegetación sumergida y otros hábitats sensibles.

Estas advertencias coinciden con las características de gran parte del Mar Menor, una laguna litoral de escasa profundidad, con amplias zonas someras y ecosistemas especialmente vulnerables. Negar la posibilidad de impactos en estas circunstancias contradice tanto la literatura científica disponible como las recomendaciones ambientales promovidas por la propia industria de las motos de agua.

Por otra parte, rechazamos la idea de que la preocupación por el impacto de las motos de agua proceda únicamente de «algunos colectivos ecologistas». La necesidad de evaluar y, en su caso, restringir determinadas actividades ha sido planteada en órganos de participación y representación vinculados al Mar Menor, donde participan entidades científicas, sociales y ambientales. Se trata, por tanto, de un debate legítimo y fundamentado, no de una campaña impulsada por intereses particulares.

Además de los impactos que cualquier embarcación a motor puede provocar en el medio marino: ruido, generación de olas, remoción de sedimentos, afección a praderas por anclas, vertidos de hidrocarburos, emisión de gases de combustión, etc, las motos de agua tienen un rechazo creciente por diferentes usuarios del litoral, por los peligros y molestias que provienen del mal uso de una embarcación que tiene gran potencia y puede navegar en aguas someras.

Las molestias por ruido, se potencian con algunos malos usos, como son la excesiva velocidad en zonas someras y por tanto cercanas a la costa, como por permanecer muy cerca de las zonas de baño y de uso frecuente por pequeñas embarcaciones de vela o remo (optimist, kayak, windsurf, etc), con las que a veces se interfiere negativamente con la generación de olas debido a la gran velocidad, y que desestabilizan esas pequeñas embarcaciones.

Los impactos ambientales, y los conflictos con otros usuarios por mal uso de la embarcación, han provocado que se empiece a regular su uso en determinados espacios para proteger los valores ambientales, como recientemente la decisión de excluirlas en la primera milla en la costa de Cabo de Gata. Pero también está generando una corriente cada vez mayor de otros usuarios, residentes y colectivos, que reclaman una mayor regulación y control de las motos de agua, para evitar los riesgos, conflictos y molestias que aparecen en los primeros cientos de metros de la costa, donde hay una mayor concentración de usos.

Justamente eso es lo que piden las organizaciones ambientales, sociales y vecinales preocupadas por el estado del ecosistema del Mar Menor: que haya una mejor regulación de este tipo de embarcaciones, y que se dote de suficiente personal y medios a los servicios de vigilancia, para garantizar un control eficaz del cumplimiento de las normas de navegación y de protección ambiental vigentes, y evitar esas malas prácticas que, no siendo exclusivas en el Mar Menor, tienen impacto sobre el medio y sobre el resto de usuarios.

Las organizaciones firmantes reiteramos nuestra disposición a participar en un debate basado en datos, estudios científicos y criterios técnicos. Sin embargo, consideramos incompatible con ese objetivo la difusión de mensajes que niegan de forma absoluta la existencia de impactos ambientales cuando la propia legislación vigente, las recomendaciones del sector y numerosos trabajos científicos reconocen la necesidad de prevenirlos y minimizarlos.

La cuestión no es si las motos de agua son responsables de la crisis ecológica del Mar Menor. La cuestión es que sus impactos ambientales —incluyendo la alteración de hábitats en aguas someras, la resuspensión de sedimentos, la generación de ruido, las emisiones y las molestias a la fauna— son conocidos y están ampliamente documentados. El debate legítimo es determinar si esos impactos son compatibles con los objetivos de conservación y recuperación del Mar Menor.

La recuperación del Mar Menor exige rigor, transparencia y responsabilidad por parte de todos los actores implicados. La protección de este ecosistema único debe situarse por encima de cualquier interés económico particular.

Organizaciones firmantes

Abracemos el Mar Menor

Alianza por el Mar Menor (Amarme) Banderas Negras

Ecologistas en Acción de la Región Murciana

FAVCAC (Federación de AAVV de Cartagena y Comarca) Fundación Sierra Minera

Greenpeace Nuestro Mar Menor

Pacto por el Mar Menor Por un Mar Vivo Procabo

SEO Birdlife SOS La Azohía SOS Mar Menor

Foto de portada de Santiago Valverde

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