Mar Hurtado

Sorprende cada rincón que nos rodea por la riqueza patrimonial, como el asentamiento íbero de Los Nietos. Sin embargo, sorprende aún más encontrar un cartel de “SE VENDE SOLAR”. ¿Qué parte de patrimonio no entendemos?. No son terrenos para edificar, es nuestra historia, nuestro pasado, nuestra cultura. Y eso no tiene precio, no es vendible, no es destruible. No podemos permitir que desaparezca.

Hace 2.500 años, nuestro pasado ancestral estuvo aquí, al pie del Mar Menor. Hoy, ese legado corre el riesgo de borrarse para siempre.

Íberos de Los Nietos, un poblado singular frente al Mar Menor

Mucho antes de que existiera el actual pueblo de Los Nietos, una comunidad íbera eligió esta pequeña loma junto al Mar Menor para asentarse. No fue un gesto inocente. En un territorio donde casi todos los poblados prerromanos se refugiaban en cerros interiores, Los Nietos decidió mirar al agua. Esa anomalía lo convierte hoy en una pieza clave para entender cómo se vivía —y cómo se defendía— el litoral en la Edad del Hierro.

Un asentamiento estratégico entre los siglos V y II a. C.

El poblado estuvo habitado durante más de tres siglos, aproximadamente entre el 500 y el 150 a. C. Si aceptamos esa fecha de origen, hoy hablamos de un lugar con más de 2.500 años de historia. La loma no era un capricho: desde allí se controlaban rutas terrestres y marítimas, se vigilaba la ribera del Mar Menor y se mantenía contacto directo con las redes comerciales que unían el sureste peninsular con el Mediterráneo central.

Las excavaciones han documentado tres fases constructivas. Tres maneras de adaptarse, de crecer, de resistir. No era un gran oppidum (gran asentamiento fortificado), pero sí un poblado atento al movimiento del mar y del interior, bien conectado y estratégicamente colocado.

Viviendas, cerámicas y vida cotidiana

Las casas eran rectangulares, con muros de piedra y alzados de adobe. Dentro aparecieron hogares, molinos de mano, cerámicas pintadas y restos de actividad agrícola y ganadera. La escena es la de una comunidad que se sostiene a sí misma: cultiva, cría, fabrica, intercambia.

La presencia de cerámicas áticas importadas, ánforas púnicas y piezas mediterráneas revela algo más profundo: Los Nietos formaba parte de las rutas comerciales que conectaban el Campo de Cartagena con el mundo púnico y griego, especialmente durante la época bárcida (cuando la familia de Aníbal Barca convirtió Carthago Nova en su capital peninsular).

Curiosidad: La cerámica como “firma” familiar

En varios yacimientos íberos del sureste se han identificado variaciones en los trazos de la cerámica pintada —grosor, ritmo de las ondas, proporción de los círculos— que apuntan a manos concretas o pequeños talleres familiares. Aunque en Los Nietos no se han documentado estilos propios, sus cerámicas pintadas encajan en ese lenguaje geométrico compartido por las comunidades íberas del litoral, un código visual que reforzaba identidades colectivas.

Una necrópolis extensa en la ladera oriental

En la ladera que mira hacia la carretera de Los Belones se excavó una necrópolis con más de doscientas tumbas de incineración. Fosas simples, túmulos de piedra, urnas cinerarias, empedrados tubulares. La diversidad de tipologías y ajuares permite reconstruir prácticas funerarias y jerarquías internas de la comunidad.

Los ajuares incluyen cerámicas pintadas con los motivos geométricos típicos del sureste: bandas rojas, ondas, círculos concéntricos, espirales y los característicos motivos en “SSS”. Un lenguaje visual compartido, también presente en Los Nietos.

Carlos García Cano «Notas sobre la necrópolis ibérica de Los Nietos» publicado en Verdolay 1990 Revista del Museo de Murcia Nº 2

Curiosidad: Una dieta más variada de lo que imaginamos

Las comunidades íberas del sureste consumían pescado, moluscos, cereales, carne de cabra y oveja… y también bellotas, tostadas o molidas como harina. En Los Nietos no se han hallado restos directos de bellotas, pero su dieta documentada encaja con ese patrón regional, donde los recursos marinos y agrícolas se combinaban con productos de monte bajo.

El final del poblado

Hacia el siglo II a. C., con la consolidación de Carthago Nova como capital romana del sureste, el poblado se abandona. Roma reorganiza el territorio, centraliza la economía y desplaza población hacia nuevos núcleos urbanos. La loma de Los Nietos queda entonces en silencio… hasta que, siglos después, el crecimiento del pueblo moderno vuelve a ocupar parte del antiguo asentamiento.

Zona del poblado íbero

Un paisaje que sigue hablando

Hoy, bajo las calles y solares de Los Nietos, siguen latiendo los restos de quienes habitaron esta orilla mucho antes de que existiera el Mar Menor que conocemos. Ellos entendieron este territorio como un espacio vivo, no como un recurso a exprimir. Recordar su presencia no es arqueología: es memoria cívica.

Cuando el territorio vuelve a estar amenazado por la desmemoria, Los Nietos nos recuerda algo esencial: que este paisaje no es un solar disponible, sino un legado milenario. Que antes de carreteras, urbanizaciones y veranos de paso, aquí hubo una comunidad que supo convivir con el mar sin agotarlo. Y si aquellos íberos fueron capaces de levantar un poblado en equilibrio con su entorno, nosotros no tenemos excusa para seguir mirando hacia otro lado mientras se degrada lo poco que queda.

Proteger este lugar no es nostalgia: es responsabilidad. Es decidir si queremos un futuro con raíces o un territorio convertido en escombro administrativo.

Foto de portada del solar en venta de la necrópolis íbera es una imagen manipulada, se ha difuminado nombre de la inmobiliaria y el teléfono y se ha incluido la palabra patrimonio.

Fuentes:

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