Río Quípar

Mar Hurtado


Las asociaciones Consejo de Defensa del Noroeste y Caralluma, junto con Regeneration Academy, se han unido este sábado a la convocatoria internacional Walking Rivers – Caminando Ríos, un movimiento global que conecta a miles de personas caminando junto a sus ríos para conocerlos, sentirlos y cuidarlos.

Recorrimos un tramo del Río Quípar, un espacio de enorme valor ecológico, geológico y arqueológico que hoy sufre una presión creciente por la expansión del regadío intensivo y la contaminación por nitratos.

La ruta comenzó en una zona donde los cultivos han pasado de secano a regadío, un cambio que está transformando el paisaje y deteriorando la calidad del agua. Como se escuchó en la visita, “casi 18 kilómetros hacia arriba se han convertido en cultivo intensivo, con hasta tres ciclos al año”, lo que implica un aporte continuo de nitratos al río.

Zona Encarnación, el río Quípar desaparecido en este tramo por regadío intensivo

Un río encajonado que resiste… hasta donde puede

En el tramo del Estrecho de la Encarnación, el Quípar conserva parte de su estructura natural gracias al encajonamiento geológico, que impide que la maquinaria agrícola invada el cauce. Aun así, el río ha sufrido agresiones muy graves, incluyendo arrasamientos con maquinaria pesada para modificar su morfología.

Las rocas que lo rodean —calizas sedimentarias del Cretácico— cuentan una historia de millones de años, pero el presente es menos amable: obras recientes han colocado tuberías y salidas de agua “con hormigón echado de mala manera”, sin integración paisajística ni sensibilidad ambiental.

También se recordaron proyectos fallidos —como un paseo fluvial de 3 metros de ancho dentro del cauce— que habrían supuesto un impacto irreversible.

Muestra de la piedra toba

Nutrias sin peces: un síntoma que lo dice todo

Uno de los momentos más reveladores de la ruta fue el análisis de excrementos de nutria. En ellos solo aparecen restos de cangrejo rojo americano, especie invasora. No hay peces.

Literalmente: “desde hace dos o tres años no he visto ningún resto de peces”.

La ausencia de peces se relaciona directamente con los altos niveles de nitratos, que afectan al sistema respiratorio de la fauna acuática. En una medición estimativa realizada durante la ruta, el agua dio 80 mg/l de nitratos, muy por encima del límite legal (25 mg/l en aguas superficiales, como los ríos).

Análisis de nitratos en un tramo del río Quípar dándo un valor de 80 mg/l

Vegetación de ribera y especies presentes

A pesar del deterioro, el valle mantiene una notable diversidad botánica: saúco, rosal silvestre, zarza, álamo blanco, álamo cano, álamo negro, chopo negro, cornicabra, olmos, entre otras especies que justifican su inclusión en la Red Natura 2000 como Lugar de Interés Comunitario.

mostaza

Durante la ruta también encontramos muchas plantas de mostaza

La Cueva Negra: arqueología viva

Durante la ruta coincidimos con un equipo de arqueólogos de la Región de Murcia y de la Universidad de Oxford, que están trabajando en la Cueva Negra del Estrecho del Río Quípar, uno de los yacimientos paleolíticos más importantes de Europa.

Lo que explicaron es de un valor científico enorme:

Una antigüedad extraordinaria, los sedimentos de la cueva alcanzan entre 700.000 y 990.000 años, según técnicas de paleomagnetismo. El equipo suele situar la cifra más probable en torno a 850.000 años.

Arqueólogos de Oxford trabajando en el yacimiento de Cueva Negra

En la Cueva Negra se han documentado evidencias de fuego controlado que podrían ser las más antiguas del mundo fuera de África. Esto sitúa al Quípar en el mapa internacional de la evolución humana.

La cueva conserva restos de fauna hoy extinta o desplazada: ciervos gigantes (Megaloceros), elefantes primitivos, rinocerontes, macacos, micromamíferos, y abundantes restos de herbívoros cazados.

Los arqueólogos explicaron que los grupos humanos que ocuparon la cueva utilizaban herramientas de sílex obtenidas en los alrededores y también traídas desde 30 km río arriba, lo que indica movilidad y planificación.

Muestra en la mano una pieza de sílex

La cueva fue visitada de forma intermitente durante miles de años, probablemente por grupos de Homo heidelbergensis o poblaciones afines.

Yacimiento argárico de Placita de Armas

Un enclave único en un valle saturado de historia. La Cueva Negra forma parte de un entorno donde conviven un poblado argárico contemporáneo de la Guerra de Troya, restos ibéricos y romanos, enterramientos neandertales, petroglifos y una cantera romana. Todo ello en apenas unos kilómetros.

Yacimientos principales del valle del Quípar:

  • Cueva Negra — Paleolítico
  • Placita de Armas — argárico
  • Los Villares — ibérico
  • Villaricos — iberoromano

Ambos poblados ibéricos tienen una interesante muralla, casi únicas, en cada caso, por sus características, aun sin excavar y estudiar.

Yacimiento ibérico y después romano de Los Villares, encima de la Cueva Negra

El regadío y las captaciones: la presión que no cesa

Durante la ruta se explicó cómo algunas fincas han desviado agua de pozos cercanos para alimentar explotaciones agrícolas, reduciendo el caudal natural del río. La situación es especialmente evidente en la Fuente de Jaray, donde se observa una maraña de tuberías destinadas a la captación de agua para riego. Todo ello está a la vista, sin ocultarse, lo que hace aún más incomprensible que la CHS no actúe o, al menos, no dé explicaciones claras sobre estas derivaciones.

Fuente de Jaray, rodeada por tuberías

La leyenda de “La Encantada”

El valle también guarda memoria oral. La leyenda de La Encantada, presente en toda la Península, sitúa aquí a una mujer de belleza extraordinaria que aparece en la noche de San Juan, vinculada al agua y a las cuevas. Ofrece un dilema al caminante: elegir un objeto valioso, en este caso un peine o elegirla a ella. Según la elección, se salva… o desaparece con ella en la cueva.

Deber colectivo

El Quípar es un lugar donde la biodiversidad, la geología, la arqueología y la memoria popular se entrelazan de forma excepcional. Pero también es un espacio frágil, sometido a una presión agrícola que amenaza su supervivencia.

Lo que está en juego no es solo un río, es un patrimonio natural y cultural que atraviesa cientos de miles de años, desde las huellas humanas del Pleistoceno hasta las leyendas que aún se cuentan en las pedanías. Aun así, el Quípar resiste, en las nutrias que aún bajan al agua, en la piedra toba que sigue creciendo, en tantos yacimientos en la misma zona, y en la gente que lo recorre y lo defiende.

Protegerlo no es un gesto simbólico, es una responsabilidad colectiva. Si no actuamos ahora, perderemos un enclave único en la Región de Murcia. Y entonces sí, ya no habrá vuelta atrás.

Yacimiento iberoromano de Villaricos

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