El Chemical Luna regresa a Cartagena con más de 2.000 toneladas de ácido fosfórico extraído por ICL Rotem en territorios palestinos ocupados. No es un simple tránsito comercial: es la normalización de un saqueo.

El cargamento viajará después a la planta de ICL en Totana, una empresa señalada por apoyar al ejército israelí y por su papel en el suministro de componentes utilizados en municiones denunciadas por su impacto sobre población civil. Todo eso pasa por aquí sin que tiemble un solo despacho.

La complicidad que nadie quiere nombrar

La Región de Murcia no dispara, pero acepta ser parte del engranaje. Cada descarga, cada operación logística, cada silencio administrativo contribuye a sostener una economía construida sobre la ocupación y la vulneración de derechos humanos. La neutralidad es una coartada. Y una coartada cómoda.

Una protesta que marca el límite

Este viernes, a las 17:00, colectivos solidarios con Palestina se concentrarán en la explanada del puerto. No para hacer ruido: para señalar responsabilidades. Para recordar que permitir la entrada de recursos extraídos bajo ocupación también es una decisión política. Para decir que el genocidio continúa y que aquí no se puede seguir mirando hacia otro lado.

El puerto como frontera moral

La llegada del Chemical Luna vuelve a colocar a Cartagena en un punto incómodo: o se asume el papel de simple infraestructura al servicio de cualquier interés, o se reconoce que hay líneas que un territorio digno no debería cruzar.

Hoy, esa línea está en el muelle.

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