La Asociación Española de Pediatrí­a (AEP), a través de su Comité de Salud Medioambiental (CSM-AEP), ha reclamado la puesta en marcha de una estrategia nacional para detectar de forma temprana la exposición infantil al plomo tras los casos identificados en el barrio de Los Mateos, en Cartagena.

La entidad cientí­fica considera necesario elaborar mapas autonómicos de riesgo y realizar controles dirigidos a los menores que residen en zonas potencialmente contaminadas, sin esperar a que aparezcan nuevos casos.

La petición llega después de que diversos menores del barrio cartagenero de los Mateos presentaran concentraciones elevadas de plomo en sangre, una situación que ha reavivado el debate sobre los riesgos asociados a la contaminación ambiental y la necesidad de reforzar los mecanismos de prevención y vigilancia sanitaria en la infancia.

Según los datos difundidos por la propia AEP, la Unidad de Salud Medioambiental Pediátrica (PEHSU) de Murcia realiza actualmente el seguimiento clí­nico de varios menores y de una mujer embarazada, mientras continúan ampliándose los estudios para determinar el alcance de la exposición y sus posibles fuentes.

Actuar antes de que aparezcan los sí­ntomas

Recuerdan que el principal problema del plomo es que sus efectos pueden pasar desapercibidos durante años. Muchas niñas y niños expuestos no presentan sí­ntomas evidentes pese a sufrir alteraciones que afectan a su desarrollo.

La infancia es especialmente vulnerable a los efectos tóxicos del plomo porque su organismo y, en particular, su sistema nervioso están en pleno desarrollo. La exposición puede producirse por la inhalación o ingestión de polvo y partículas contaminadas, por el contacto con determinados suelos o a través de otras fuentes ambientales.

La Organización Mundial de la Salud considera que no existe un nivel de exposición al plomo completamente seguro para la infancia. Incluso concentraciones relativamente bajas se han asociado con dificultades de aprendizaje, problemas de atención, alteraciones del desarrollo neurológico y una disminución de las capacidades cognitivas.

Por ello, pediatría defiende que la vigilancia sanitaria debe adelantarse a la aparición de los casos clí­nicos.

«Cuando aparecen varios niños de distintas familias con plomo elevado en sangre en un mismo territorio, ya no debemos preguntarnos únicamente cómo atenderlos, sino cuántos menores potencialmente expuestos todaví­a no hemos estudiado», señala el doctor Juan Antonio Ortega, coordinador del Comité de Salud Medioambiental de la AEP.

La propuesta se ha planteado durante la celebración de una jornada comunitaria celebrada por la Sociedad de Pediatría del Sureste de España (SPSE) y el CSM-AEP en el marco de la Semana Internacional para la Prevención de la Intoxicación por Plomo 2026 de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Mapas de riesgo y controles dirigidos

La propuesta planteada por profesionales especialistas pasa por elaborar mapas autonómicos de riesgo infantil por exposición al plomo.

Estos mapas incorporarí­an información sobre antiguos emplazamientos mineros, actividades industriales, emisiones contaminantes, suelos afectados y casos detectados por los servicios sanitarios. El objetivo es utilizar esa información para dirigir las actuaciones preventivas hacia las zonas más vulnerables.

Plantean incorporar la determinación de plomo en sangre a los programas de salud infantil, de forma organizada y según el riesgo ambiental. Cuando se detecten varios casos en un mismo territorio, consideran necesario ampliar la vigilancia y buscar activamente a otros menores que puedan estar expuestos.

“No se trata de realizar análisis a todos los niños, sino de dejar de esperar a que aparezcan nuevos casos en lugares donde ya existen indicios de contaminación. La información ambiental debe ayudarnos a decidir dónde es necesario actuar”, explica el doctor Ortega.

La detección precoz permite identificar al menor expuesto, adoptar medidas inmediatas para reducir su exposición, investigar las posibles vías y establecer un seguimiento clínico adaptado, mientras la investigación ambiental identifica y controla las fuentes. También facilita la valoración de su desarrollo y de posibles problemas de salud asociados. La medida más importante es interrumpir la exposición al plomo, ya que los daños neurológicos producidos no siempre son reversibles. En los casos de intoxicación grave pueden ser necesarios tratamientos específicos bajo supervisión especializada.

La experiencia de Cartagena

La propia Sierra Minera de Cartagena constituye uno de los ejemplos que la AEP utiliza para defender este modelo.

Una investigación desarrollada en la zona integró la formación de profesionales sanitarios, la historia clí­nica ambiental, las pruebas biológicas de exposición y el seguimiento clí­nico de menores residentes en áreas próximas a suelos contaminados. Los resultados mostraron diferencias relevantes en los niveles de plomo en función de la cercaní­a a determinadas áreas afectadas por la actividad minera histórica.

Para los expertos, este tipo de actuaciones permiten detectar precozmente situaciones de riesgo, reducir la exposición y evitar daños de larga duración.

Una cuestión de salud y de desigualdad ambiental

Más allá de los datos clí­nicos, el caso de Los Mateos vuelve a poner el foco sobre una realidad ampliamente estudiada por la salud ambiental: los efectos de la contaminación suelen concentrarse en territorios concretos y afectan especialmente a poblaciones vulnerables.

Pediatras reclaman que la salud medioambiental forme parte habitual de la atención sanitaria infantil, con profesionales formados especí­ficamente en la detección de riesgos ambientales y con unidades especializadas accesibles en todas las comunidades autónomas.

Su objetivo es sencillo pero ambicioso: que ningún niño o niña tenga que convertirse en un caso clí­nico para que las administraciones comiencen a investigar si existe un problema de contaminación en su entorno.

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