
José Matías Peñas
La Asamblea Nacional francesa debate este martes un proyecto de ley para endurecer los límites de cadmio en los fertilizantes, un metal pesado clasificado como cancerígeno y cuya presencia en la cadena alimentaria preocupa desde hace años a las autoridades sanitarias. La iniciativa, impulsada por dos diputados ecologistas, llega tras un informe publicado en marzo por la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria (ANSES) que confirma que la población francesa está sobreexpuesta a este contaminante a través de los alimentos.
El cadmio, presente de forma natural en algunos suelos y concentrado especialmente en los fosfatos utilizados en agricultura, se acumula en el organismo y puede provocar cáncer, daños en la salud reproductiva, osteoporosis y mayor riesgo de fracturas óseas. Francia permite actualmente hasta 90 mg/kg de cadmio en los fertilizantes fosfatados, uno de los límites más altos de Europa.
La propuesta ecologista plantea reducir progresivamente ese umbral hasta 30 mg/kg en 2030, alineándose con países como Estonia, Eslovaquia o Hungría, que ya aplican restricciones más estrictas sin un impacto económico significativo, según sus defensores.
Sin embargo, el debate político está lejos de ser unánime. Buena parte de la oposición conservadora y del centro‑derecha advierte de que la medida podría encarecer los costes agrícolas, al obligar a Francia a buscar proveedores alternativos. Actualmente, la mayor parte de los fertilizantes fosfatados utilizados en el país procede de Marruecos, cuyos suelos presentan una elevada concentración natural de cadmio. Cambiar de origen, señalan, podría abrir la puerta a Rusia, tercer exportador mundial de fertilizantes, en un contexto geopolítico especialmente sensible.
A estas reticencias se suman varios diputados del bloque macronista, que consideran innecesaria la ley porque el Gobierno prepara ya un decreto con el mismo objetivo, aunque con un calendario más lento: la reducción se extendería hasta 2038, ocho años más tarde que la propuesta ecologista.
Mientras tanto, la discusión mantiene en el centro del debate la cuestión de fondo: la exposición crónica de la población francesa a un metal pesado que la propia ANSES considera preocupante. La decisión final marcará el ritmo al que Francia pretende avanzar en la reducción de contaminantes en su agricultura y, en última instancia, en la protección de la salud pública.
España sigue sin abordar ni metales pesados ni nitratos
Y mientras Francia discute cómo reducir el cadmio en sus fertilizantes, en España seguimos sin abordar de frente la presencia de metales pesados y nitratos en nuestros propios suelos agrícolas, especialmente en zonas de alta presión intensiva como el sureste peninsular. El debate francés no es ajeno: es un espejo incómodo que recuerda que la seguridad alimentaria también se legisla —o se posterga— desde los parlamentos.


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