
Peña Zafra de Abajo, Balonga y Quibas amanecieron ayer bajo aire tóxico. Tras una denuncia a los servicios de emergencias, los sensores registraron valores propios de un episodio de riesgo ambiental severo: PM10 en torno a 450 µg/m³, PM2.5 cerca de 160 µg/m³ y un ICA de 327–329, categoría “Peligroso”. Son cifras que multiplican por diez los límites recomendados por la OMS y que obligan a tratar la situación como una alerta de salud pública.
Mientras tanto, las estaciones oficiales de Murcia capital marcaban valores residuales: PM10 entre 16 y 38 µg/m³ y PM2.5 entre 9 y 25 µg/m³. La diferencia es tan extrema que ya no deja espacio para dudas: la contaminación en Peña Zafra es industrial, localizada y sostenida en el tiempo.

Con estos niveles, las recomendaciones sanitarias son inequívocas: cerrar ventanas, evitar cualquier actividad al aire libre, usar mascarilla y recurrir a purificadores de aire. Es decir, vivir como en un episodio de humo o incendio, pero sin incendio. Una situación incompatible con un entorno rural que debería ser respirable.
Los datos refuerzan las publicaciones de PAEM‑PBQ, que llevan meses documentando amaneceres cubiertos de polvo procedente principalmente de Colina CIMAR.
Las mediciones de ayer no son un susto puntual: son la confirmación de que las vecinas y vecinos llevan años respirando aire peligroso sin protección ni respuesta institucional suficiente.
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