
Mar Hurtado
El origen de la cota 120 está en el Trasvase Tajo‑Segura, que estableció esta altitud como límite técnico para decidir hasta dónde podía llegar el agua sobrante del Trasvase una vez cubiertas las demandas prioritarias. Si había excedente, podía destinarse al riego en las zonas situadas por debajo de esa altitud. Y siempre teniendo en cuenta que era una medida excepcional.
La cota 120 nunca fue una figura de protección ambiental ni un permiso para transformar secano en regadío. Tampoco concede derecho a riego.
Para regar una finca se necesita concesión de la CHS, inscripción en el registro de aguas y haber entrado en el plazo histórico que se abrió con el Trasvase, ya prescrito hace unos 5 años. Muchas de las parcelas transformadas en la Zona Oeste no cumplen ninguno de esos requisitos, pero se están nivelando y regando como si lo hicieran.
Durante décadas, el paisaje de la zona de la cota 120 era de almendros, algarrobos, olivos silvestres, higueras,… Bancales de cereal, esparto y cultivos de secano que sobrevivían a base de lluvia y paciencia.
Bajo esa línea altimétrica discurre el acuífero Triásico de Las Victorias, un sistema frágil, discontinuo y poco monitorizado. La expansión del regadío hacia esta cota no solo borra el paisaje tradicional: también abre un frente hidrogeológico silencioso.
Y aun cuando muchas de estas parcelas se riegan con agua del Trasvase, el Triásico no queda al margen: recibe la carga de nitratos procedente de los fertilizantes aplicados en superficie, queda afectado o por extracción directa o por cada tratamiento químico que no absorbe la planta y termina infiltrándose hacia abajo, alcanzando un acuífero que ya es vulnerable por naturaleza.
En varias parcelas de la Zona Oeste han aparecido balsas nuevas, conducciones y válvulas que evidencian la existencia de riego. En una zona sin red pública de suministro, sin concesiones vigentes y con el plazo histórico del Trasvase ya prescrito, la presencia de estas infraestructuras en fincas sin vías conocidas de abastecimiento indica que se está captando agua de alguna procedencia. En este territorio, esa procedencia solo puede ser el acuífero Triásico de Las Victorias, un sistema frágil y poco monitorizado que está siendo sometido a una presión creciente.

La frontera del secano se rompe en superficie, pero la fractura más grave ocurre bajo tierra
Aunque la Zona Oeste no vierte directamente al acuífero Cuaternario, los nitratos generados en las nuevas parcelas de regadío sí pueden viajar por las ramblas de Los Puertos, Los Ruices o La Murta y terminar en el Campo de Cartagena. En episodios de lluvias intensas, esa carga difusa puede acabar llegando al Mar Menor. No es un vertido directo, pero sí un aporte indirecto que agrava la presión sobre la cuenca.
El regadío intensivo ha encontrado una frontera que se interpreta, se estira, se dobla y se cruza para colonizar terrenos que nunca fueron regables. Lo que antes era un límite altimétrico ahora es un pasillo legal por el que la agroindustria avanza sin freno.
El secano, arrasado en silencio
La Zona Oeste de Cartagena está viviendo una transformación acelerada y casi invisible. En apenas unos pocos años, las laderas de Los Simonetes, Castillejos, Los Puertos y Los Ruices han visto:
- Árboles arrancados
- Bancales nivelados como si fueran plataformas industriales
- Ribazos y lindes desaparecidos, así como las pedrizas
- Suelos desnudos preparados para goteo
- Maquinaria pesada abriendo donde antes había tomillo y esparto
El paisaje del secano está siendo borrado parcela a parcela, sin planificación y sin control.
Y el argumento que lo permite es siempre el mismo: “Está en la cota 120.”
La trampa altimétrica. La cota 120 se ha convertido en una especie de comodín. Si una parcela está en 118 metros, se interpreta como “zona de transición”. Si está en 121, se considera “ligeramente por encima”. Si está en 123, se dice que “la altimetría varía según el modelo. El resultado es claro: Hay regadío por debajo, por encima y dentro de la cota 120. La frontera ha dejado de tener efecto real. La agroindustria ha convertido la cota 120 en un argumento flexible para justificar la expansión del regadío hacia zonas históricamente de secano.
La mayoría de las nuevas transformaciones caen sobre el acuífero Triásico de Las Victorias, un sistema frágil, poco monitorizado y sin la atención mediática del Cuaternario del Mar Menor. Esto abre un problema que nadie está mirando: el Triásico no está preparado para soportar extracciones intensivas, no tiene redes de control suficientes, no aparece en los debates públicos sobre el agua y está siendo sometido a una presión creciente que avanza en silencio. La expansión del regadío no solo borra el secano: pone en riesgo un acuífero que hasta ahora había sobrevivido con la agricultura tradicional de secano.
Ramblas que están tapando: el territorio reescrito
En la Zona Oeste ya hay ramblas tapadas o desviadas para crear grandes planicies agrícolas. Está siendo literalmente rellenada y cortada para permitir la instalación de nuevas plataformas de cultivo.
El regadío intensivo reescribe la hidrología natural:
- Se rompe el drenaje natural.
- Aumenta el riesgo de avenidas.
- Se incrementa la erosión.
- Se acelera la aridez.
- Se destruyen hábitats esenciales.
- Se facilita el transporte de nitratos.
Las ramblas son arterias del territorio. Taparlas es amputarlo.

Ejemplo de eliminación de ramblas es çesta, la Rambla de La Carrasca que están tapando.
El mapa territorial: la prueba de que la frontera ha caído
El mapa elaborado con coordenadas precisas en Los Puertos, Los Ruices, Castillejos, Simonetes, La Murta y Las Victorias— demuestra que la cota 120 ha dejado de funcionar como frontera.
El mapa revela:
- Parcelas transformadas sin derecho a riego.
- Nivelaciones en zonas de secano histórico.
- Regadío por encima y por debajo de la cota 120.
- Proximidad directa a ramblas alteradas.
- Superposición con el acuífero Triásico de Las Victorias.
- Desaparición de bancales y arbolado tradicional.
La cota 120 no actúa como límite: actúa como puerta de entrada del regadío intensivo.

Plano de la Cota 120 de CHS

Zona inferior ampliada del plano

Mapa elaborado con 172 parcelas localizadas en el que faltan muchas por incluir
Enlace al mapa elaborado con las localizaciones de las parcelas de regadío intensivo: Invasión regadío en Zona Oeste Cartagena – Google My Maps
Erosión, aridez y pérdida de hábitat
La eliminación masiva de árboles y ribazos está provocando:
- Aumento de la erosión
- Pérdida de suelo fértil
- Incremento de la aridez
- Desaparición de hábitats
La desaparición del mosaico de secano y monte bajo está afectando también a aves como la perdíz roja, alcaraván, el sisón, el cernícalo primilla, las cogujadas, las terreras o el escribano montesino, además de pequeños mamíferos como la gineta o la garduña y reptiles como el lagarto bético o la lagartija colilarga. La intensificación del regadío elimina lindes, pedrizas, barbechos y espartizales, reduciendo el hábitat disponible para una biodiversidad que había sobrevivido durante décadas gracias a la diversidad del paisaje agrícola tradicional del secano.
El territorio pierde biodiversidad y resiliencia.
La vida que se rompe
Las familias que viven en estaa zonas han visto cómo su día a día se deshace sin hacer ruido. Durante décadas, su vida estaba hecha de gestos sencillos: casas abiertas, aire limpio, el silencio del secano, el paisaje entrando por las ventanas. Ese equilibrio se ha roto.
Ahora conviven con:
- fumigaciones a pocos metros
- tratamientos foliares y químicos arrastrados por el viento
- ruido constante de maquinaria
- polvo de nivelaciones y camiones
- aire que irrita ojos y garganta
Pero lo más duro no es eso. Lo más duro es lo que ya no pueden hacer.
Niños que preguntan si “hoy se puede salir” porque hay días en los que el olor químico es demasiado fuerte.
Personas mayores que han dejado de pasear porque el aire les irrita la garganta.
Vecinas y vecinos que ya no abren las ventanas porque no saben qué va a entrar.
Animales domésticos que lagrimean o tosen después de ciertos episodios.
La ropa que ya no se tiende fuera.
El silencio que ya no existe.
Y detrás de todo eso, una preocupación que nunca se dice en voz alta pero que está en todas las conversaciones: la exposición repetida a aerosoles, polvo y químicos puede tener consecuencias para la salud, especialmente en niños, personas mayores y quienes ya padecen problemas respiratorios. No es una alarma: es una realidad que cualquier médico de salud ambiental reconoce.
La cota 120 no solo está borrando el secano: está borrando la vida cotidiana de quienes vivían en armonía con el paisaje.
Un vacío legal que lo permite todo
- El nuevo PGOU de Cartagena —actualmente en tramitación— igual que el anterior, tampoco distingue entre secano y regadío dentro del suelo no urbanizable. La Zona Oeste sigue clasificada como suelo no urbanizable común, sin protección agrícola ni criterios específicos para el secano. Este vacío normativo permite que la cota 120 se utilice como argumento para transformar parcelas históricamente de secano en plataformas de cultivo intensivo.
- La CHS no fiscaliza la altitud real de las nuevas parcelas. La CHS no verifica de forma sistemática si las nivelaciones han alterado la altitud original de las parcelas. La aplicación de la cota 120 se basa en datos declarados o cartográficos, no en mediciones de campo, lo que deja un margen de interpretación que está siendo aprovechado por la agroindustria.
- La agroindustria interpreta la cota 120 a su favor. La utiliza como un comodín: si la parcela está cerca, “entra”; si está lejos, “se ajusta”; si está por encima, “se nivela”. Sin una regulación clara y sin fiscalización efectiva, la cota 120 deja de ser un límite técnico para convertirse en un argumento maleable.
El resultado es un territorio expuesto a una transformación irreversible, donde el secano tradicional —y la vida que dependía de él— queda sin defensa frente al avance del regadío intensivo.
El conflicto territorial
Lo que ocurre en la Zona Oeste no es un episodio aislado: es el primer temblor de un territorio que empieza a quebrarse. Un lugar donde:
- el secano desaparece
- el regadío intensivo avanza
- el paisaje se homogeniza
- el Triásico de Las Victorias se tensiona
- las ramblas se tapan
- la frontera altimétrica se diluye
- y el PGOU no reconoce ni protege el secano
No es una suma de impactos: es una pérdida de identidad. Un territorio que deja de ser lo que era, aunque haya quienes intentan sostenerlo con sus manos, con su memoria y con su resistencia. Pero no son suficientes para detener un cambio tan profundo, tan rápido y tan estructural que avanza como una marea silenciosa.
La cota 120 ya no es una línea: es una grieta. Una grieta que se abre en silencio, como las que aparecen en las paredes antes de que la casa se venga abajo. Por esa grieta entra un modelo agrícola que ocupa todo, que aplana todo, que silencia todo. Un modelo que no deja hueco para el secano, ni para el paisaje, ni para la vida que lo habitaba.
La cota 120 nació para gestionar agua sobrante del Trasvase. Hoy es el caballo de Troya que se ha colado en el secano para destruirlo. Un caballo que ya está dentro de las murallas, avanzando despacio, sin ruido, sin prisa.
Cuando queramos darnos cuenta, el territorio habrá cambiado para siempre, y el secano será un recuerdo.

Fuentes:
El Latido, artículo publicado en 2024: El regadío intensivo elimina cultivos de secano, 163 terrenos invaden ya la Zona Oeste de Cartagena, ¿Afectará al cuaternario? – El Latido
Plano Cota 120 de la Confederación Hidrográfica del Segura: CHS PLANO64-UDA75.pdf
Comunidad de Regantes de Cartagena: Visor | Exposición Pública C.R.C.C
Oficina Técnica del Mar Menor (MITECO): Visor Mar Menor
Foto de portada, de ayer de una plantación de regadío intensivo en la Zona Oeste.


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