
Mar Hurtado
En Las Barracas, en el borde del Parque Regional de Calblanque vive una contradicción que preocupa a los vecinos: se exige protección, pero se gestiona como si fuera una zona urbana sin criterios ambientales. El resultado es un cóctel peligroso: vertidos incontrolados, vegetación seca sin gestionar, exceso de iluminación artificial, tráfico sin medidas de contención y una playa saturada que ya está al límite.
Tras las lluvias del invierno, la vegetación entre la segunda fuente y las estribaciones del Cabezo creció de forma extraordinaria. Ahora, en pleno verano, toda esa vegetación está seca y acumulada, sin ningún tipo de gestión. Aunque estos terrenos forman parte del ámbito del Parque Regional, la responsabilidad de prevenir incendios en zonas habitadas y en caminos públicos es compartida: el Ayuntamiento debe mantener limpias las áreas donde existen farolas, viviendas y contenedores, mientras que la Consejería de Medio Ambiente debe gestionar la masa forestal del Parque.
En esta zona, además, existe vegetación protegida cuya presencia impide realizar desbroces convencionales en la parte forestal del Parque. No se trata de eliminar plantas valiosas, sino de gestionarlas de forma adecuada para evitar que la vegetación seca se convierta en un riesgo. La protección de estas especies corresponde al Parque Regional, que debe autorizar y planificar cualquier actuación sobre ellas.
Pero fuera de esa franja forestal —en las zonas con farolas, contenedores, viviendas y caminos públicos— la responsabilidad es municipal. El Ayuntamiento sí puede y debe actuar en esos puntos para retirar la vegetación seca que se acumula junto a infraestructuras urbanas, porque ahí no hay plantas protegidas y el riesgo de incendio es evidente.
El resultado es un escenario contradictorio: la vegetación protegida no se gestiona, y la vegetación seca en zonas urbanizadas tampoco se gestiona porque el Ayuntamiento la deriva al Parque. Entre ambas administraciones, la zona queda sin protección real y el riesgo aumenta cada día.
Hace apenas unos días, justo al pasar el puente de Las Barracas, se declaró un incendio que los propios vecinos tuvieron que apagar porque los bomberos tardaron 50 minutos en llegar. La situación vulnerable en la zona no es de probabilidad, ya está pasando.

Foto facilitada por una vecina de la zona
Vertederos en un espacio protegido: basura + vegetación seca = riesgo extremo
El punto de recogida de residuos —cuatro contenedores dentro del ámbito del Parque— se ha convertido en un vertedero diario:
- Muebles
- Electrodomésticos
- Colchones
- Podas
- Escombros
- Basura de limpieza de terrenos
Todo ello acumulado fuera de los contenedores, mezclado con vegetación seca. Un escenario que, según los vecinos, puede arder en cualquier momento.

Varios días documentados de acumulación de residuos y vegetación seca en la zona de contenedores, fotos facilitadas por una vecina de la zona
13 farolas en pocos metros: contaminación lumínica en un Parque Regional
Desde la segunda fuente hasta la plazoleta de la romería hay trece farolas para apenas tres viviendas. Una iluminación propia de una avenida urbana, no de un espacio natural protegido. La fauna nocturna pierde sus ciclos, la oscuridad natural desaparece y la zona deja de parecer un Parque.
“En un Parque Natural no se ven las estrellas. Es absurdo”, denuncian.
Velocidad sin control: ni señales ni vadenes, a diferencia de Calblanque
Mientras en Calblanque se han instalado vadenes, límites de velocidad y medidas de calmado del tráfico, en Las Barracas no hay nada:
- No hay señalización de entrada al Parque.
- No hay límites de velocidad.
- No hay resaltes.
- No hay medidas de protección de fauna.
Los vehículos circulan a velocidades excesivas en una zona donde cruzan animales silvestres y donde el camino es estrecho y rural.
Playa de Las Mulas: saturación y piedras movidas para aparcar
La playa de Las Mulas sufre una presión humana creciente. En los meses de buen tiempo, el camino de tierra se llena de coches que incluso mueven grandes piedras para improvisar aparcamientos. La zona está sobresaturada, el entorno se degrada y el acceso se descontrola.
Los vecinos proponen dos soluciones:
- Aparcamiento disuasorio y acceso a pie o en bicicleta.
- Control de acceso con barrera y tarjeta, como en Calblanque.
“Recordemos que esta zona también es Parque”, insisten.
Los vecinos reclaman medidas urgentes
- Contenedores protegidos, como los de Calblanque.
- Cartelería de entrada al Parque y límites de velocidad.
- Vadenes y medidas de calmado del tráfico.
- Reducción de farolas o regulación horaria.
- Limpieza inmediata de vegetación seca o entrada de ganado.
- Control del acceso a la playa de Las Mulas.
¿Quién responde si la zona arde? ¿Quién responde si un animal muere atropellado? ¿Quién responde si la playa colapsa?
Ante la denuncia vecinal, el Ayuntamiento dice que es cosa del Parque. El Parque no contesta. Mientras tanto, el espacio protegido se degrada.
La pregunta es inevitable: ¿Quién asumirá la responsabilidad cuando ocurra lo que todos temen?.
Aunque Las Barracas se encuentra dentro del ámbito del Parque Regional de Calblanque, la responsabilidad de prevenir incendios en esta zona es compartida. El Ayuntamiento de Cartagena debe actuar en todas las áreas donde existen infraestructuras urbanas —farolas, contenedores, caminos públicos y viviendas— tal y como establece la Ordenanza de Limpieza Urbana y la normativa de prevención en interfaz urbano‑forestal. La Consejería de Medio Ambiente, por su parte, gestiona únicamente la vegetación forestal del Parque. Por tanto, la retirada de basura, muebles, podas y escombros, el control de vertidos, la limpieza de vegetación seca junto a contenedores y farolas, y la regulación del tráfico son competencias municipales, no del Parque. Cuando el Ayuntamiento afirma que “esto corresponde al Parque”, está desviando una obligación que la ley le atribuye de forma directa. El resultado es un vacío administrativo que deja la zona sin gestión y multiplica el riesgo de incendio. En materia de vegetación seca, la responsabilidad es compartida: el Ayuntamiento debe actuar en las zonas habitadas o con infraestructuras, y el Parque en la masa forestal. La falta de gestión preventiva de ambos ha convertido Las Barracas en un punto crítico donde cualquier chispa puede desencadenar un incendio.
Riesgo para la fauna y para las personas que viven allí
Más allá del impacto ambiental, los vecinos recuerdan que este abandono también pone en riesgo la vida de los animales que cruzan la zona y la seguridad de quienes viven en Las Barracas. La combinación de vegetación seca, basura acumulada, tráfico sin control y ausencia de medidas preventivas convierte el entorno en un punto crítico: un incendio podría afectar directamente a las viviendas y un atropello es cuestión de tiempo. “Aquí no solo peligra el Parque. Peligra la gente que vive aquí y los animales que lo habitan”, advierten.
En Las Barracas, cada día que pasa sin actuar es un día que se pierde. La vegetación seca avanza, los vertidos vuelven, la fauna retrocede y el paisaje se deshace en silencio. Este rincón del Parque no necesita discursos: necesita manos. Porque cuando el fuego llegue —y llegará si nada cambia— ya no importará quién tenía la competencia. Importará quién no hizo nada.


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