¿Y si viajar pudiera servir para mucho más que conocer lugares? ¿Y si llegar a otro país significara entrar en una casa, compartir una comida, descubrir cómo vive una familia y regresar con un amigo o amiga del otro lado del mundo? Esa es la filosofía de SERVAS, una red internacional de amistad y hospitalidad que nació después de la Segunda Guerra Mundial con un propósito: contribuir a la paz a través del conocimiento y el contacto entre personas de diferentes culturas.

San Pedro del Pinatar acogió ayer un encuentro internacional de SERVAS, una organización presente en más de un centenar de países y que cuenta con miles de personas anfitrionas repartidas por todo el mundo. Durante la jornada se dio a conocer el funcionamiento de esta red y, especialmente, una propuesta que la organización quiere impulsar entre las nuevas generaciones: su programa para jóvenes.

Porque para SERVAS el viaje es solamente una parte de la experiencia. Lo importante es el contacto humano.

«La idea es fomentar la paz a través del contacto humano. Las amistades crean un clima de confianza con gente de otros países», explicaban durante el encuentro.

Una red nacida para construir paz

SERVAS nació en 1949 en Askov, Dinamarca. Un grupo de estudiantes de diferentes nacionalidades creó un sistema de trabajo, estudio y viaje basado en la hospitalidad que inicialmente recibió el nombre de Peacebuilders, «constructores de paz».

La iniciativa surgió después de la Segunda Guerra Mundial, en un momento en el que en diferentes lugares del mundo se buscaban nuevas formas de favorecer la comunicación, la justicia y la paz.

Aquellos jóvenes confiaban en que viajar y convivir con personas de otras nacionalidades podía ayudar a establecer vínculos y a comprender otras realidades.

En 1950 se celebró la primera reunión organizativa y se establecieron unos principios que, en buena medida, se han mantenido hasta hoy.

El nombre Peacebuilders acabaría dando paso a SERVAS, palabra procedente del esperanto relacionada con las ideas de «ayudar» y «servir».

Con el paso de los años, la organización dejó de estar vinculada exclusivamente a personas que participaban activamente en movimientos pacifistas y se abrió a cualquier persona que compartiera la convicción de que el entendimiento entre quienes habitamos el planeta es una de las mejores herramientas para combatir los prejuicios y favorecer la paz.

La dimensión internacional de SERVAS también se refleja en su relación con Naciones Unidas. Desde 1973, SERVAS International tiene estatus consultivo como organización no gubernamental internacional ante el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas (ECOSOC). Este reconocimiento permite a la organización participar en espacios y actividades de Naciones Unidas y trasladar a ese ámbito su experiencia en materia de intercambio cultural, entendimiento entre personas y construcción de paz. 

SERVAS llegó a España en 1974 y desde entonces ha ido creciendo de manera progresiva.

No es alojamiento: es convivencia

Uno de los aspectos que más se quiso remarcar durante el encuentro es que SERVAS no es una alternativa a un hotel ni una plataforma de alojamiento gratuito.

La hospitalidad es el medio para conseguir algo diferente: el encuentro entre personas.

Los miembros pueden ser anfitriones, viajeros o ambas cosas. Quien viaja se pone en contacto con un anfitrión de otro país y, una vez acordada la estancia, comparte durante unos días su vida cotidiana.

Existe un proceso previo de incorporación a la organización y los viajeros cuentan con una carta de presentación que permite generar seguridad y confianza entre las personas que van a encontrarse.

La estancia habitual es de dos noches, aunque existe flexibilidad.

«En dos días siempre hay un día entero para conocerse. Si llegas, duermes y te vas, no da tiempo a establecer ese intercambio», explicaban.

Durante ese tiempo puede ocurrir prácticamente cualquier cosa que forme parte de la vida cotidiana: cocinar juntos, pasear, conocer la ciudad, compartir una comida, hablar durante horas o acompañar a la persona anfitriona en alguna de sus actividades.

«Cuando viene alguien intento tener tiempo para estar con esa persona, para pasear y charlar. Si llega por la tarde, preparo una cena en casa».

Y también puede suceder que sea el visitante quien prepare la comida.

«Muchas veces vienen personas que te dicen: “Me gusta mucho cocinar, voy a cocinar para ti”».

Así, una estancia puede terminar convirtiéndose en una pequeña reunión internacional alrededor de una mesa.

Para los miembros de SERVAS, esa es una de las grandes diferencias respecto a un viaje turístico convencional.

«No viajas como turista. Viajas para conocer su manera de vivir, su cultura e integrarte en su vida».

Una de las participantes resumía la experiencia con una frase especialmente significativa:

«Donde vayas, tienes un amigo en la otra punta del mundo».

La relación puede comenzar durante un viaje, pero no necesariamente termina cuando el viajero regresa a casa.

Las amistades pueden mantenerse durante años y convertirse en nuevos motivos para viajar.

«Es como tener una familia en el extranjero, como un primo lejano que viene», explicaba otra de las participantes.

Viajar sin salir de casa

La experiencia funciona también en sentido contrario.

Una persona que no puede viajar puede convertirse en anfitriona y recibir en su casa a alguien procedente de otro país.

«Cuando no puedes viajar, el hecho de recibir ya es viajar», resumían durante la jornada.

Una persona de San Pedro del Pinatar puede, por ejemplo, recibir a otra italiana, francesa, japonesa, portuguesa o de cualquier otro país miembro de la red y compartir unos días de su vida cotidiana.

Puede enseñarle la localidad, presentarle a sus amigos, cocinar juntos, practicar idiomas o descubrir cómo ve el mundo una persona que creció en otro lugar.

Es una manera de conocer el mundo sin necesidad de coger un avión.

Perder el miedo a lo diferente

Uno de los valores que los miembros de SERVAS consideran más importantes es precisamente la confianza y la gratitud.

En una sociedad en la que muchas veces predominan el miedo y la desconfianza hacia lo desconocido, la organización propone hacer justamente lo contrario: abrir la puerta y conocer personalmente a quien hasta entonces era un extraño.

«El punto es perder el miedo, superar esa barrera y poner en práctica en tu día a día esa idea de fomentar la confianza», señalaban durante la jornada.

La experiencia permite descubrir que muchas ideas preconcebidas desaparecen cuando se conoce a las personas directamente.

Una familia japonesa, una estudiante de Taiwán, una persona procedente de Marruecos o un viajero italiano dejan de ser simplemente «alguien de otro país» para convertirse en una persona con nombre, historia, costumbres y, en muchos casos, una nueva amistad.

Una oportunidad para las nuevas generaciones

Precisamente esta forma de viajar y de relacionarse es la que SERVAS quiere acercar a las nuevas generaciones.

La organización reconoce que necesita incorporar a más jóvenes, pero también considera que su propuesta puede resultar especialmente interesante para quienes buscan algo diferente: conocer otros países, practicar idiomas, convivir con personas de otras culturas, ganar autonomía y crear una red internacional de amistades.

«Nos gustaría tener más jóvenes», reconocían durante el encuentro.

Porque SERVAS puede ser mucho más que una manera de encontrar alojamiento. Puede ser una forma de viajar, aprender y convivir. Y también una oportunidad para quienes todavía no pueden viajar: ser anfitrión permite que el mundo llegue hasta casa.

En un momento en el que viajar y comunicarse con cualquier parte del planeta está cada vez más al alcance de la mano, la organización reivindica precisamente aquello que no puede ofrecer una pantalla: el encuentro cara a cara.

SYLE, viajar para aprender y convivir

Dentro de esta apuesta por las nuevas generaciones destaca SYLE, un programa dirigido a miembros de SERVAS de entre 18 y 30 años que permite convertir un viaje en una experiencia de aprendizaje, convivencia e intercambio cultural.

El programa ofrece diferentes posibilidades: puede plantearse como un intercambio, una visita o una experiencia de voluntariado, dependiendo de los intereses de cada participante.

Las estancias pueden prolongarse hasta un mes con una o varias familias de acogida, lo que permite ir mucho más allá de una visita turística y disponer de tiempo para integrarse en la vida cotidiana del lugar.

Durante ese periodo, cada joven puede orientar la experiencia hacia sus propios intereses: profundizar en el aprendizaje de un idioma extranjero, conocer de cerca otras culturas o participar en actividades de voluntariado vinculadas a la construcción de la paz.

La diferencia está en la forma de vivir el viaje. No se trata únicamente de visitar un país, sino de compartir durante un tiempo su vida cotidiana.

Para quien quiera mejorar un idioma, la convivencia con una familia permite practicarlo en situaciones reales. Para quien busque conocer otras culturas, supone una inmersión directa en sus costumbres y formas de vida. Y para quienes quieran implicarse socialmente, el voluntariado abre la puerta a participar en proyectos relacionados con la comunidad y la construcción de la paz.

De esta manera, el viaje deja de ser solamente un desplazamiento y se convierte en una experiencia personal: aprender, convivir, participar y crear vínculos que pueden continuar mucho después de regresar a casa.

Y después de los 30, la puerta sigue abierta

La experiencia internacional de SERVAS no termina al cumplir los 30 años. La organización cuenta también con SLE, dirigido a sus miembros mayores de 30 años.

A través de este programa, los participantes pueden conectar con anfitriones de diferentes países para continuar aprendiendo idiomas y profundizando en el intercambio cultural. También existen posibilidades relacionadas con el voluntariado y las experiencias laborales.

Así, la red mantiene abierta la posibilidad de viajar, convivir y aprender a lo largo de diferentes etapas de la vida.

Porque, en SERVAS, la edad puede cambiar, pero la idea sigue siendo la misma: conocer personas para comprender otras culturas y construir relaciones que atraviesen fronteras.

El mundo dentro de una casa

Las historias compartidas durante el encuentro reflejan hasta qué punto el viaje SERVAS se aleja del turismo convencional.

Una participante recordó su experiencia en Japón y la oportunidad de conocer una vivienda tradicional, mientras que otra contó cómo sus anfitriones en Islandia le recomendaron visitar una pequeña piscina termal alejada de los lugares turísticos habituales.

También aparecieron recuerdos de Marruecos, Italia, Taiwán, Texas y Corea.

En algunos casos, los viajeros terminan participando en la vida diaria de sus anfitriones: acompañándolos a hacer la compra, cocinando o descubriendo lugares que difícilmente aparecerían en una guía turística.

Una de las participantes relató incluso cómo una visitante coreana que había viajado a España para asistir a un congreso acabó ofreciendo una sesión de acupuntura a su anfitriona.

Son experiencias que difícilmente se pueden planificar en una agencia de viajes.

Una red internacional

SERVAS está organizada por países y cuenta con representantes y coordinadores que mantienen el contacto entre los miembros y las diferentes organizaciones nacionales.

Los miembros registrados pueden acceder a información de otros anfitriones, como su lugar de residencia, idiomas, intereses, aficiones o posibilidades de alojamiento.

Estos datos son confidenciales y están destinados a los miembros de la organización.

La asociación funciona de manera voluntaria y altruista y sus cargos organizativos no son remunerados.

Además de los viajes individuales, SERVAS organiza encuentros internacionales que permiten reunir a personas de diferentes países.

El encuentro de San Pedro del Pinatar es un ejemplo de esta dimensión internacional, con participantes procedentes de 5 países, Francia, Portugal, Italia, Bélgica y España, además de miembros llegados desde diferentes comunidades autónomas, como Catalunya, Castilla y León, Andalucía, Comunidad Valenciana y Región de Murcia.

De los viajes a las Escuelas de Paz

La actividad de SERVAS no se limita a los intercambios entre viajeros y anfitriones.

Durante la jornada también se habló de las Escuelas de Paz, una iniciativa que comenzó en Turquía vinculada al trabajo con niñas y niños y familias refugiadas procedentes de Siria.

La idea partía de una pregunta sencilla: si esos niños no podían viajar para conocer otras culturas, ¿por qué no llevar esas culturas hasta ellos?

Así surgieron campamentos en los que personas procedentes de diferentes países compartían experiencias con los menores.

La iniciativa se ha ido extendiendo a otros lugares y este año se desarrolló por primera vez una experiencia similar en Colombia, coincidiendo con un encuentro latinoamericano de SERVAS.

El objetivo es acercar a niñas, niños y jóvenes diferentes lenguas, culturas y formas de vida.

«La idea es fomentar y enseñar otros países diferentes maneras, diferentes lenguas, diferentes culturas y otra manera de compartir y de vivir».

La paz empieza por conocerse

SERVAS nació hace más de siete décadas con una idea que continúa siendo el centro de su filosofía: conocerse para comprenderse y comprenderse para reducir los prejuicios.

Sus integrantes reconocen que una organización de estas características no puede evitar por sí sola los grandes conflictos del mundo.

Pero sí puede trabajar en algo más cercano: crear vínculos entre personas que, de otro modo, quizá nunca llegarían a conocerse.

Y ahí está también la importancia de incorporar a los jóvenes.

Porque cada nuevo viajero, cada nuevo anfitrión y cada nueva amistad internacional amplía una red basada en la confianza.

«Tal vez no esté en nuestras manos evitar otra guerra mundial, pero pensamos que debemos luchar para destruir prejuicios y viejos clichés que no muestran otra cosa sino ignorancia».

En San Pedro del Pinatar, SERVAS volvió a poner sobre la mesa una propuesta nacida en 1949 y que hoy busca renovarse con las nuevas generaciones.

Una propuesta sencilla: abrir la puerta de casa, conocer a quien viene de lejos y descubrir que viajar puede ser también una forma de construir paz.

Porque, como resumía una de las participantes durante el encuentro:

«Cuando no puedes viajar, el hecho de recibir ya es viajar».

Más información: En servas.org para contactar con todos los miembros y servas.es para la página en España.

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