
Mar Hurtado
A las 7:30 de la mañana, cuando el aire debería ser limpio, frío y transparente, Peña Zafra de Abajo ya está envuelta en una nube de polvo asesino. No es neblina. No es humedad. No es un fenómeno meteorológico. Es una agresión diaria. Una acción humana directa.
Y lo más grave es que ocurre en un territorio donde PAEM‑PBQ (Plataforma de Afectados por la Explotación Minera de Peña Zafra, Balonga y Quibas), la asociación vecinal y ambiental, que lleva años denunciando lo que hoy vuelve a repetirse. Años de vídeos, fotos, escritos, denuncias, testimonios y silencio institucional.
Bestial. No hay otra palabra.
Un amanecer contaminado. La vida entre Balonga, Quibas y Peña Zafra
El sol apenas rompe el horizonte cuando la nube empieza a levantarse desde la zona de actividad de Colina CIMAR. La luz atraviesa las partículas y las hace visibles: polvo grueso, mineral, en suspensión, avanzando valle abajo como una cortina tóxica.
A esta hora, en Balonga ya están abriendo ventanas. En Quibas, la gente sale a trabajar. En Peña Zafra de Abajo, las casas respiran lo mismo que muestra la imagen: aire sucio antes del desayuno.
Esto no es un episodio aislado. Esto es la rutina.
Voladuras. La pregunta que sigue sin respuesta
No es solo polvo. También son voladuras. Voladuras junto a casas, junto al Yacimiento Arqueológico de Quibas, junto a la Sierra de La Pila.
PAEM‑PBQ lleva años documentando – vías pecuarias dinamitadas – cuevas con estalactitas y estalagmitas destruidas – nacimientos de agua natural arrasados – vías públicas reventadas – tres voladuras en un solo mes – explosiones tan cercanas que las vecinas las grabaron desde dentro de sus casas.
Y se preguntan qué pesa más para los Ayuntamientos. ¿Dinero o salud?.
Años después, la pregunta sigue sin respuesta. Y el polvo sigue entrando en las casas.
El “polvo asesino”. La molienda que lo cubre todo
Las vecinas y vecinos, junto a PAEM‑PBQ, llevan años documentando – molienda – trituración – movimiento de materiales – camiones – emisiones sin control real – filtros que no se usan – obligaciones ambientales que no se cumplen.
Colina CIMAR tiene filtros de mangas, obligación de regar, de humidificar ruedas. Pero, como denuncian desde hace años, no aplican estas medidas de forma constante. Y cuando hay inspección, casualmente, todo funciona.
El resultado es visible cada día. El polvo asesino sale permanentemente contaminando la zona.
Salud en riesgo. Lo que respiran las familias
El polvo no se queda en el aire. Se posa en ventanas, patios, cultivos, bebederos de animales. Entra en casas. Entra en pulmones.
Vecinas y vecinos de Peña Zafra, Balonga y Quibas describen – irritación de garganta – picor de ojos – sensación de aire cargado – polvo dentro de casa incluso con ventanas cerradas.
Y PAEM‑PBQ ya lo advirtió: “No te mata hoy ni mañana. Espera años para hacerlo.”
La actividad minera trae consigo enfermedades como – neumoconiosis – silicosis – afectaciones cardíacas – daños respiratorios crónicos.
El aire, ese invisible imprescindible, entra en los pulmones cargado de partículas. Y la enfermedad llega 20 o 30 años después.
Un territorio herido. Biodiversidad destruida
Antes del extractivismo feroz, Peña Zafra de Abajo era un enclave privilegiado: Red de Espacios para la Biodiversidad, diversidad genética y paisaje.
Hoy, PAEM‑PBQ documenta – dos fuentes desaparecidas: Fuente Las Cañas y Fuente del Sol – cuevas destruidas – montaña literalmente molida – hábitats arrasados – recursos naturales finitos consumidos sin límite.
La pregunta es inevitable cuál es el límite del extractivismo. El límite lo ponen los Ayuntamientos y la Comunidad Autónoma. Y hasta ahora, no lo han puesto.
PAEM‑PBQ. La organización que sostiene la denuncia
Es una comunidad organizada que lleva años haciendo el trabajo que deberían hacer las administraciones: documentar emisiones, registrar episodios, presentar escritos, pedir mediciones, exigir controles, reclamar derechos básicos, acompañar a las familias afectadas.
Ya advertían que “nos recluiremos en casa por no poder respirar”. Hoy, esa frase es más literal que nunca.
Vidas que resisten. José Francisco y la memoria del territorio
José Francisco lo dijo claro en 2024. Su casa, la de sus padres, la de sus abuelos, no se abandona. No quieren irse. No quieren vender. No quieren renunciar a su vida.
Quieren respirar sin tragar veneno.
Y no están solos. Antonia, las vecinas, los vecinos, las delegaciones de Fortuna y Abanilla, la Red de Custodia del Territorio… Un territorio entero que resiste.
Un territorio que no se rinde
Peña Zafra de Abajo, Balonga y Quibas no son lugares periféricos. Son comunidades vivas, con memoria, con arraigo, con dignidad. Territorios que merecen amaneceres limpios, no nubes que te enferman con cada respiración. Territorios que merecen silencio, no voladuras. Territorios que merecen respeto, no impunidad.
Hoy, 8 de junio de 2026, la imagen vuelve a repetirse. Y vuelve a doler. Porque no es solo polvo. Es pasividad institucional.
Bestial. No por lo que se ve, sino por lo que se respira.


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